Esto es Santoro
Lamento tener que ponerme del otro lado de lo que la media de hinchas del Rojo piensa, pero con sólo ver el primer partido del nuevo interinato de Miguel Ángel Santoro, ya me alcanza para comprobar que mis expectativas (poquísimas, claro) en esta etapa del nuevo-viejo DT son las que supuse apenas escuché su nombre confirmado para entrenar al equipo que dejó Burruchaga.
Para ser más claro, arranco con la conclusión: a Santoro no le pidamos mucho más que lo que se vio anoche en el horrible partido contra Nueva Chicago.
Ahora vamos "a por" los porqué:
De su primera experiencia como técnico rojo, allá por los inicios de los 80s, no puedo hablar, ya que yo no tenía ni 4 años y la verdad es que sería cualquiera hablar de algo que ni siquiera vi bien por tele.
Ahora bien, ya en su segundo "mandato", a fines del Clausura 2001, me dio a entender que para a sus equipos con una actitud conservadora (básicamente para lograr el 0 en el arco propio) y con una visión ofensiva casi inexistente, o bien en cuentagotas.
El ejemplo más notorio de esos 4 partidos (dirigió entre la ida de Osvaldo Piazza y la vuelta de Enzo Trossero) fue el clásico que jugó en la última fecha, contra los de enfrente. En ese partido entre equipos horribles (fue el torneo debut del hoy nuevamente ex-técnico de la Descendemia, Reinaldo "Yo no nunca tengo la culpa de nada" Merlo) ganaron ellos 1-0, con un gol de penal, y el Rojo llegó 1 sola vez al arco blanquiceleste en 90 minutos. Encima, en ese torneo ellos se salvaron de la promoción en la penúltima fecha. O sea, para perder así contra semejantes muertos, se entiende que el desempeño rojo fue de terror.
En 2005, la serie de los 10 partidos que dirigió Pepé tuvieron un porcentaje más que positivo: agarró un equipo que venía bastardeado y logró 4 triunfos, 5 empates y una derrota. Paradójicamente, si mal no recuerdo, el único partido que jugó relativamente bien fue cuando perdió con Colón en la Visera. Pero seamos buenos: en las otras fechas ver a Independiente era un cáncer para los ojos; el equipo consiguió algunos resultados basándose en terminar sin goles en contra y en ver si alguno de los arriba se equivocaba y embocaba algún que otro tanto. Por suerte enfrentó rivales que no pudieron quebrar casi nunca ese sistema.
¿Pero queremos algo así para Independiente? Por una actitud similar en el juego del equipo, la gente (y luego la CD del impresentable de Ducatenzeiler) en su momento echó a Chiche Sosa, que había agarrado un fierro caliente, con un plantel desmembrado, y que, tras un arranque con derrotas, empató de visitante con Racing y Boca (que tenían mejores equipos que nosotros) y terminó el torneo de 2003 con un par de victorias -jugando horrible, claro-.
Claro, uds. me podrán decir que Santoro en 2001 agarró en un momento crítico, como también lo fue el post-Menotti de 2005 y como lo es hoy, tras la renuncia de Burru y el "virtual" último puesto que ostentamos.
Y hay mucha razón en eso. Y en parte es entendible, entonces, el 4-4-2, el cuidarse atrás, el estar satisfechos cuando nuestro arco termina en 0, etc. etc. etc.
Pero a eso, justamente, apuntaba el título del post. No sabemos si el Santoro con un puesto asegurado, haciendo pretemporada y eligiendo los refuerzos será diferente al Santoro de los momentos de emergencia. Por lo que la pregunta obligada es ¿queremos saber si eso es así?
Más allá de mis eternos respetos hacia otro de los grandes ídolos (como jugador) de la historia del club, mi posición es que no. Aunque el tipo gane todos los partidos de acá hasta el final de este torneo, si yo tuviera la chance de decidir, haría un esfuerzo por contratar un DT con espalda para bancarse un Independiente que tiene que encarar el próximo torneo para salir campeón, que tenga experiencia y que venga a ganar, y no a cuidarse del papelón.
Si tiene algún tipo de relación con la historia roja, mejor. Si no, no importa. El Rojo no se caracteriza por tener entrenadores en sus grandes ídolos, salvo el Pato Pastoriza.
Ojo: con lo que dije de que prefiero que Santoro sea sólo un DT interino me puedo equivocar (de hecho, ojalá que Pepé gane todos los partidos de acá hasta el final y que en el otro torneo salga campeón invicto), pero digo lo que pienso ahora, por si después finalmente nos va mal. No me gusta ser acusado de hacer leña del árbol caído.
